domingo, 6 de enero de 2013

2012, INSUPERABLE



 Cada que acaba un año y comienza otro la gente suele decir “Éste ha sido el mejor año”. En este momento me siento como una de esas personas, pensando “2012 ha sido el mejor año en mi corta vida”. ¿Por qué lo digo? Simple: tuvo de todo un poco.

Para empezar, conocí dos sagas literarias que, a mi parecer, son fantásticas. Se trata de Los Juegos del Hambre y de Canción de Hielo y Fuego (hoy en día mejor conocida como Juego de Tronos). La primera, un tanto corta pero sustanciosa, me atrapó de tal modo que en menos de un mes los libros ya habían sido devorados. Probablemente de no haber sido por la película, que estaba próxima a estrenarse, no hubiera considerado leer estos libros. Gracias al cine. La segunda saga, y que me ha mantenido envuelto en la miel de sus palabras desde el cuarto trimestre del 2012, es justo lo que llevaba esperando toda mi vida: intriga política, guerra, fantasía, tintes épicos y –sobretodo- personajes bien construidos con los que logras una tremenda empatía. 

Como buen cinéfilo desde mis primeros días –gracias Simba y Buzz Lightyear- , el cine ha jugado un rol muy importante en mis experiencias de vida. Los Blockbusters siempre han sido mi devoción –no se preocupen, no dejo de lado el cine de autor- y 2012 me entregó todo lo que quería: los superhéroes más poderosos del planeta reunidos en un equipo, la conclusión cinematográfica de mi personaje favorito (Batman, por si quedaba duda), viajes espaciales que terminan en tragedia y un agente al servicio de su majestad completamente resucitado. Experiencias únicas, sin duda. No dejó de lado mi afición por ese cine más chico en forma y más conciso en contenido. A principios del año viví la que consideró mi mejor experiencia en el cine: el preámbulo a los premios de la Academia. Vi infinidad de películas –20 son demasiadas- y a pesar de que mis favoritas ni siquiera fueron nominadas a categorías grandes, la sensación fue única e insuperable.

Y así como continúe mis viejas aficiones, también descubrí una nueva (o, por lo menos, la acabé de desarrollar): la de los cómics. Con el estreno de El Caballero de la Noche Asciende y la llegada de DC Comics a México por parte de, la muy odiada, Televisa. Cada número uno era fantástico, sensacional y lleno de vida. Un mundo completamente diferente y a la vez tan similar al nuestro.

Claro que el año también tuvo otro tipo de cosas. Gente se fue, gente llegó. Al final, todo es lo mejor para todos. Con todos –amigos y familia- reí y hablé. Grandes pequeños momentos llegaron para quedarse. Gracias.

Igualmente, ahí estuvieron los viajes, paseos y salidas que alivianaron mi ser y me relajaron el interior. Destaco aquella reunión con CineFilm -¿quién dijo que no se podían hacer amigos por Internet?- a la que llegué con muchas dudas y que al final se olvidaron gracias a nuestra pasión por el séptimo arte.

Me podría seguir de lleno con más y más recuentos pero los fundamentales aquí recaen. No pongo cosas grises, que bien son relevantes, para no quitar la alegría que el año me brindó. Simplemente el mejor en mis pocos años de vida. Se cierra una puerta, se abre una nueva. 2013, te dejaron la barra muy alta, pero eso es lo de menos; estoy seguro que está increíble historia tendrá grandes secuelas.

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